“La RAP es la ruta”: Federegiones

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Con el propósito de reafirmar el proceso autonómico colombiano y  de impulsar el desarrollo regional, es preciso que los departamentos de la región Caribe y los tres distritos que la integran, se asocien con  objeto de constituir una Región Administrativa y de Planificación (RAP),  como ha sido su vocación desde la Constitución de 1991,  paso previo para el establecimiento de una región orgánica en los términos del articulo 307 de la misma, sin desatender los posibles nuevos desarrollos en una posible Constituyente o cualquier otro cambio normativo en el ordenamiento territorial de Colombia. Ese paso previo, como entidad administrativa, es consecuente con el mandato del Voto Caribe, en el ordenamiento vigente e ineludible para acceder a la RET.

En la actual coyuntura política del país la necesidad de un reacomodamiento, tanto en lo institucional como en lo  espacial, se hace inminente como el principal desafío que impone la paz.  Un cambio que mejore  el funcionamiento  estatal y responda además a las exigencias de un desarrollo integral resulta conveniente, en cuanto que  supone también readecuar la organización territorial del país.

El anhelo autonómico no es nuevo. Desde los tiempos del presidente Nieto, en 1835, el pueblo caribe ha insistido en una administración autónoma. No bien entrado el siglo XX  la Liga Costeña fue el nombre que tuvo el reclamo histórico para el desarrollo autonómico y se materializó en la defensa de los intereses regionales amenazados por unas políticas que afectaban gravemente la economía regional.  Con el tiempo, y desde un escenario deportivo  en  Barranquilla,  Tico Noguera, al lanzar la idea de la República del Caribe, interpretó el malestar que magistralmente popularizara el compositor Lucho Bermúdez, mediante el célebre tema musical denominado Grito Costeño.

Con todo que la Constitución del 86  trató de paliar la carencia de unos ingresos económicos  que quitó al nivel regional,   y dado que la pobreza persistía, se procedió a la convocatoria de los foros por el desarrollo de la región Caribe, con miras a estudiar la  situación y proponer  soluciones a dicha problemática. Resultados de esos eventos en la década de los ochenta es la idea de crear un ente para la administración del desarrollo, la cual inicialmente no tuvo acogida. Sin embargo, en Sincelejo, y después de descartar  otras opciones, reunimos  las Cámaras de Comercio, las Secretarías de Planeación y las universidades, para  se proponer un consejo regional que finalmente se adoptó  con el nombre de CORPES.

Conseguido el objetivo de prefigurar institucionalmente  la región, se hizo entonces apremiante, impulsar el proceso autonómico a través de un movimiento regional, que  sustentado en la  participación activa del pueblo caribe, conforme a los postulados de la autonomía regional consagrados en  la  Constitución del 91, afirmara igualmente el concepto de región. Pero como la autonomía como principio fundamental solo puede manifestarse por medio de las llamadas entidades territoriales; supeditadas en la realidad al poder central por falta de capacidad impositiva y  de recaudo, se tiene, que esa dependencia no solo impide la autonomía sino que  imposibilita   un auténtico desarrollo regional.

La lucha por la autonomía y la regionalización, gracias al ímpetu caribe, se vuelve un propósito de todas las  regiones del país que experimentan igualmente la amenaza de la absorción centralista, la cual, cuando no coarta, recorta las posibilidades y recursos que tienen los entes regionales y locales. Ello, ha impedido  una adecuada acción social por parte de las comunidades regionales,   particularmente del Caribe,  que en materia de educación y salud, presenta unos cuadros que, por su atraso, resultan inauditos.

Si bien es cierto que el Estado Nación se ocupa de transferir parte de sus ingresos a las entidades territoriales para la atención de los servicios sociales, no lo es menos tampoco, que tales participaciones no son suficientes ni alcanzan a satisfacer plenamente las necesidades básicas de los habitantes de la región.

El régimen de  Estado social que impera en Colombia obliga tanto a la nación como a los entes regionales y locales a brindar  educación y salud, así como una seguridad social integral. La falta de empleo o de algún otro tipo de alternativa económica que suponga una mínima subsistencia, que comprenda y ofrezca la garantía de una vivienda digna, incluyendo alimentación y vestido, agrava sin duda alguna la tremenda crisis social que vive el país,  especialmente la región Caribe.  Los entes seccionales y municipales deberán emprender en  adelante, las acciones encaminadas a remediar de manera inmediata esta problemática que se traduce en vandalismo y delincuencia, en el sentido de obtener los  recursos que se requieren,  poner en ejecución unos planes de desarrollo como demandan  las circunstancias y actuar en consecuencia con los postulados  autonómicos.

La región colombiana surge como unidad geohumana a partir de las provincias  pre-independencia que formaron el país. Erigidas estas en Estados supremos y después en Departamentos, cobran desde una perspectiva cultural y física más que  política, su propia   fisonomía  territorial. Esa dinámica autonómica que deviene, según Rafael Segura, ideólogo de la regionalización, de la relación naturaleza, individuos, sociedad, se concreta en los Departamentos y municipios donde se genera la energía social y ecológica de la que proviene igualmente el potencial ecocultural que identifica la región.  Ya decía  Hector Rojas Herazo   que  el sentido de pertenencia en el Caribe lo da el patio, como sinónimo de lugar. Así como la  mejor referencia para definir la región es la que brinda  José Elías Curi, autor de la tesis del Costeñol, cuando dice:  Región Caribe es la que se expresa en costeñol macizo.

Por eso el pronunciamiento que la región hiciera a través del llamado Voto Caribe, más que un reclamo por  su anhelo de convertirse en entidad territorial, es un acto de afirmación autonómica que  debería ser acatado  por las autoridades, y su cumplimiento exigido por la sociedad civil. Y es que, lo que  la región Caribe,  busca,  persigue y pretende con su aspiración,  no es desmembrar la unidad del país sino  preservar la integridad territorial, armonizando la diversidad con la unidad.

Colombia es un país de regiones. Por eso la bandera enarbolada por el precandidato caribe a la Presidencia de la República no hacía más que reafirmar el carácter regionalista de la nación colombiana.

Urge la creación de la Región Administrativa de Planificación como catalizadora de la fuerza autonómica y de la sinergia asociativa de la región,  si se quiere   aumentar  la capacidad de gestión con miras a enfrentar el reto  globalizador. Pero especialmente como fuerza política para seguir avanzando en el ideal autonómico.

La autonomía no se reclama se proclama.  Como demócratas autonomistas lo mas conveniente, entonces, es dar los pasos que nos conduzcan a esa proclamación autonómica. La RAP es la ruta hoy.

Luís Manuel Espinosa Espinosa

Director Federegiones

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