
Por: Ing. Com. Flavio Machicado Saravia
Miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.
La actual discusión sobre la ley de autonomía, está develando lo que tiene de real y lo que tiene de ficticio este proceso, cuya data se remonta a mucho tiempo atrás, desde que los conglomerados sociales existen, sea bajo un territorio, una bandera, una creencia religiosa, una etnia o cualquier otro factor de cohesión social que permita una subsistencia básica y un desarrollo económico dignos. En ese sentido, podría ser confundido con la “autonomía personal”, que es un objetivo principal del proceso de maduración, al cual todavía no podemos llegar como Nación, como consecuencia de sus permanentes fracturas, peor aún, con el peso de su sempiterna dependencia económica externa, que sigue siendo decisiva, sea por los precios de nuestras primas o del crédito y donaciones externas que nos prodigan nuestros aliados y “amigos”.